Siguiente Cuento >>
<< Cuento Anterior
Origen
La mancha, la mancha creciendo bajo la ropa, en la tetilla izquierda. Como un lagarto o, mejor, como una muestra de esa lavandina negra que comenzamos a usar en la
fábrica. Nos conocimos charlando, creo que así se conoce todo el mundo o casi todo.
A las tres horas estábamos en la cama de un hotel que se llamaba El Halcón. Pensé en el animalejo, en su pico, en la velocidad del pico. Besarte era difícil. cuando creía que estábamos unidos, vos salías resoplando, buscando aire no sé si para volver a besarme o para morderme entre el cuello y la nuca. Y eso me sacudía, no aguantaba. Después, la mancha que vos tenías en el pecho. Mancha que encontré palpando: una lomita. No la encontré antes porque en esos momentos cierro los ojos y acaricio o muerdo como si todo fuera una inmensa oblea y abro la boca y me hundo como si por fin me encontrara con mi madre. Con ésa que alguna vez me parió y me dejó su huella, la maldita.
Les contaba de la mancha.
Yo llegué a ella palpando, se extendía. Comenzaba en el pezón, bajo él y seguía cortándose bruscamente en la cintura. Raro, una mujer con una explosión negra, nunca. Y te amé, no con la fuerza de siempre, no con el entusiasmo que pongo en esas cosas porque la mancha me dañaba, se metía entre nosotros. O, mejor, me separaba a mí de vos. No a vos de mí porque lo mismo (supongo) la repulsión por la mancha ya te habría pasado con otros. Cuando fumamos y vos apareciste desnuda, caminando hacia la cama y la luz de los vidrios rebotando en la mancha, era bárbaro. Como si te hubieran derramado alquitrán para reírse de vos, para condenarte a aguantar todo lo que pregunté después.
No pude, no pude más. Me explicaste. "Desde nacimiento, sabes, todos, preguntan lo mismo y no sé qué creen y nunca más quieren salir conmigo."
Te abrazé para hacerte olvidar, para que no pensaras que era la última vez, sino la primera de otras muchas. No me gustó que apagaras la luz, porque el medio tono me sacude.
Cuando nos bañamos vos comenzaste a blanquearte, a quedar sin la mancha, a perderla. Mientras me frotaba ese punto negro que crecía alrededor del pecho. Ese punto, que después fue esta mancha que tengo desde que nací, sobre la tetilla izquierda.
Ramón Plaza
Siguiente Cuento >>