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El Retrato
Con el fin de tomar una posición natural me siento en la forma que acostumbro, alargo la pierna derecha, dejo la izquierda doblada, extiendo una mano y cierro la otra sobre mis muslos, me mantengo derecho y de medio perfil, fijo la vista en un punto y sonrío.
- Por qué sonríe usted? -dice el fotógrafo
-¿ Es que sonrío demasiado pronto?
- ¿ Quién le ha pedido a usted que sonría?
- Le ahorro a usted el pedírmelo. Sé las costumbres. No es la primera vez que me retrato. No soy ya un niño a quien se le dice: "Mira el pajarito." Sonrío solo, anticipádamente y puedo sonreír así durante mucho tiempo. No me fatiga.
- Señor mío -dice el fotógrafo-, lo que usted desea ¿ es un verdadero retrato o una imagen impersonal y vaga de la cual los aduladores no podrán más que decir cortésmente: "Sí, hay algo" ?
- Quiero una fotografía -dije- en la que haya de todo, que sea parecida, viva , expresiva, que esté casi hablando, gritando, saliéndose del marco, etcétera, etc.
- Quienquiera que sea usted -me dijo entonces el fotógrafo-, cese de sonreír. El más feliz de los hombres prefiere hacer una mueca. Hace muecas cuando sufre, cuando se aburre y cuando trabaja. Hace muecas de amor, de odio y de alegría. Sin duda usted sonríe a veces a los extraños y otras al espejo cuando está usted seguro que nadie lo ve. Pero sus parientes y sus amigos no conocen de usted más que un rostro malhumorado y si tiene usted interés en ofrecerles un retrato que yo pueda garantizar, créame usted, haga usted una mueca.
- Jules Renard: La linterna sorda